• Cuentos

    El Barrilete que volaba bajito

    Publicado en el libro "La puerta mágica"
    Ediciones del Quirquincho | Argentina | 1997

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    por Miguel Zicca

    El saludador del barrio del Hola-Chau

    Publicado en el libro "Atrapalecturas"
    Ediciones MS | Chile | 2011

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    La Gotita miedosa

    Publicado en el Libro "Ecolengua 6"
    Ediciones eNePé | Argentina | 2009

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  • Biografía

    Miguel Zicca

    Ilustrador , caricaturista , humorista gráfico, pintor y docente Argentino. Egresado de las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón.

    Comienza publicando a finales de los años 80's en la Revista Familia Cristiana de Ediciones Paulinas . A principios de los 90's gana la mención especial en la Categoría humor gráfico en el certamen Coca-cola en las Artes y las Ciencias.
    Ha ilustrado libros infantiles y textos escolares para varias editoriales,

    También ha publicado historietas humorísticas en diversos medios nacionales. Autor de cuentos infantiles publicados en Argentina y el exterior.

    Seleccionado para participar en la muestra internacional de ilustración infantil "Sueños en papel" en el museo Trompo Mágico, de Jalisco, Méjico. 2009. Seleccionado para la muestra internacional de ilustración infantil en Venecia , Italia. Muestra organizada por la Associazione culturale Teatrio .2010. Invitado por la Asociación de caricaturistas Rumanos participa de la muestra internacional de caricaturas , realizada en el Museo Nacional de literatura de la Ciudad de Bucarest. Rumania .2010.

    Publicación de la página de humor gráfico en la Revista Bernik Magazine .Uruguay. Entre 2010 y 2012.
    Publicación de su cuento El Saludador del Barrio del Hola Chau , en el libro Atrapalecturas 6. Leyendo sin límites de MN Editorial . Chile . 2011.

    Seleccionado para la muestra colectiva de humor gráfico ; París bien vale una risa. realizada en la Alianza Francesa de BS AS Argentina . 2013.

    Ha participado de numerosas exposiciones colectivas de Ilustración infantil, acompañando al Foro de Ilustradores Argentinos .

    Actualmente trabaja ilustrando para Ediciones eNepé de Argentina , y publica sus tiras humorísticas en el diario virtual El Mercurio Digital de España.

  • About My Works

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  • El Barrilete que volaba bajito

    Matías sabía hacer barriletes. Se lo había enseñado su querido abuelo ; a decir verdad , siempre los habían armado juntos.
    Era una hermosa tarde primaveral , con una brisa leve que invitaba a remontar barriletes. El abuelo se había tomado unas vacaciones en la provincia de Córdoba, pero Matías pensó para sí: " Puedo hacerlo yo solo". Y se animó a empezar a trabajar sobre una mesita en el espacioso patio de su casa.

    Unos cuantos pajaritos se acomodaron en hilera con mucha expectativa para seguir bien de cerca el laborioso trabajo que estaba a punto de emprender , en medio de macetas y plantas, baldosas desdibujadas por el paso del tiempo , bajo el toldo de chapa que , según el movimiento de las nubes , relampagueaba por el impacto del reflejo del sol sobre el techo entreabierto. Al igual que en un laboratorio de película de ciencia ficción, Matías inició la creación de su criatura voladora.

    Juntó varias maderitas livianas y las cortó con paciencia a la medida justa . Tomó trozos de papeles de colores y los fue pegando a las maderas con engrudo. Y … ¿ Qué es el engrudo? Un pegamento que se logra mezclando agua con harina. También esto lo había aprendido de su abuelo.

    En las manos ágiles del chico se entremezclaron las largas tiras de papeles de diferentes colores que irían a parar a la cola de su barrilete. Sólo le faltaba atarle el hilo , lo más extenso posible , para que volara tan alto que hasta los pájaros lo envidiaran. Ya estaba listo. Ese esqueleto de maderas cubierto de papeles multicolores dirigido desde la madeja de hilo , iba a cobrar vida apenas el aire lo rozara …

    Matías intentó probarlo en el patio ; soltó de a poco la cuerda … Un viento suave jugueteó alegremente con el barrilete.

    Matías se desilucionó. Su creación recorría los zócalos del patio sin superar los veinte centímetros de altura. Quizá el patio de su casa no era el lugar adecuado , necesitaba más empuje del viento en un lugar más abierto.

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  • El Barrilete que volaba bajito

    Ya en la calle, Matías hizo la segunda prueba. Ni la fuerza de cien huracanes o de mil ciclones podían ayudarlo ; el barrilete apenas si se despegaba del suelo. Daba lástima verlo arrastrar la cola por la vereda.

    -Qué raro- pensó. Había usado los materiales correctos y el procedimiento empleado para usarlo era el exacto, tal como su abuelo se lo había trasmitido. Nada podía fallar. Exceptuando claro , la posibilidad de que su barrilete tuviera miedo de volar . Le pareció que lo más apropiado era llevarlo a un nido en un árbol cercano a su casa. Así que trepó hasta alcanzar el nido y allí lo dejó para que la mamá pájaro le enseñase las técnicas del vuelo , como si se tratara de un pichón de barrilete. Matías se quedó esperando, sentado en el cordón de la vereda. No se sabe muy bien que pasó allá arriba , pero resultó que a la primera brisa , el barrilete bajó deslizándose suavemente sobre las ramas y el tronco del árbol hasta llegar nuevamente a las manos de su creador.

    Cualquier intento era inutil . Matías había hecho un barrilete que volaba bajito y tanta vergüenza le daba, que llegó hasta a disfrazarlo de perro salchicha para fingir que paseaba a una mascota y nadie se diera cuenta de que en realidad estaba remontando su barrilete nuevo.

    Pero la gente que pasaba caminando por la calle o desde los autos y los colectivos se daban cuenta, y les llamaba la atención ese barrilete disfrazado de perro y que volaba tan bajito.

    A los vecinos les resultaba muy divertido y no tardaron en agruparse los más curiosos de la cuadra. Enseguida llegaron los periodistas de la televisión; después de la primera nota el chico y su creación se hicieron muy conocidos ; su fama subió muy alto, como remontada por un tornado. Lo que antes había avergonzado a Matías, ahora lo enorgullecía. Hasta llegaron a proponerle instalarle una fábrica de barriletes que volaran bajito , pero él no aceptó.

    Sí aceptó la invitación para ser jurado en un concurso de barriletes en un gran parque de la ciudad.

    El día del concurso se reunieron multitudes alrededor de Matías pidiéndole consejos, técnicas y autógrafos. No era para menos ; en ese parque se habían congregado cantidad de barriletes de todas formas y tamaños , diseños y coloridos , desde los más modestos hasta los más sofisticados; pero solo uno volaba bajito.

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  • El Barrilete que volaba bajito

    Mientras el afamado niño prodigio se dedicaba a sus admiradores , su barrilete trabó conversación con un grupo de barriletes concursantes.

    -¿ Es fácil volar alto? ¿No es peligroso?- preguntó temeroso.
    -Es muy sensillo- respondieron los demás, al tiempo que se ofrecieron para enseñarle los secretos del vuelo alto.

    Un grupo de gente señalaba hacia arriba . Matías comprobó con asombro que se trataba de su barrilete que, a medida que se iba volando hacia las alturas en companía de sus nuevos amigos , se alejaba de su creador y lo saludaba con el suave movimiento de sus cintas de colores que flameaban como banderas de despedida.

    Desde entonces, el barrilete que volaba bajito dejó de ser único y fue uno más entre los demás barriletes. El viento de la fama también dejó de soplar para Matías y volvió a ser uno más entre los demás chicos.

    Sin embargo, no sentía tristeza ; al contrario , estaba orgulloso y satisfecho. Después de todo , su barrilete había superado el miedo a volar , tomando las riendas de su propio destino. Había conquistado la libertad.

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  • El saludador del barrio del Hola-Chau

    El Barrio del Hola-Chau, lleva este nombre en recuerdo de un mítico personaje que trajinó sus cuadras hace mucho tiempo. Lo llamaban "el saludador"; de seguro porque su característica principal era saludar a cuanta gente pasara ante su vista. Exageradamente atento, solía saludar hasta tres o cuatro veces a la misma persona en el mismo día.

    Entre sus proezas más notables figuran: la recordada ocasión en la que despidió desde la estación del ferrocarril a todos los pasajeros (incluyendo al guarda y al maquinista) de un tren que partía rumbo a Mar del Plata. En otra oportunidad, no le alcanzaban las manos para saludar a una veintena de conductores atascados en un embotellamiento en las calles de su barrio.

    Normalmente podía saludar al mismo tiempo, a la abuelita que salía a hacer las compras, a los mellizos bebés y a la mamá que empujaba el cochechito, y además sacudir emocionado su pañuelo hacia arriba si de casualidad pasaba algún avión en ese momento. La única meta del saludador era disfrutar saludando; si alguien no le devolvía el saludo, él no se ofendía. Aunque después de muchas hazañas se hizo tan famoso que los vecinos y también los desconocidos se acercaban hasta el barrio para pedirle autógrafos y aprovechar para estrecharle la mano.

    Y no era para menos; las crónicas de la época cuentan que gracias a su atento saludo, el saludador evitó varios accidentes. Una noche, mientras intentaban asaltar a un vecino en plena calle, él le tendió amistosamente la mano al ladrón y éste confundido huyó. Otro día un señor que cruzaba la calle distraído se salvó de ser atropellado por un auto, gracias a que el saludador lo detuvo para darle un abrazo.

    Una mañana una chica que caminaba leyendo una revista no advirtió que iba directo hacia una alcantarilla destapada, dicen que cuando estaba justito con un pie sobre el pozo, giró al escuchar el sonoro "¡Buen díaaaa!" del saludador.

    Pero el máximo acontecimiento tuvo lugar hace casi veinte años cuando éste personaje destacado de mi barrio sufrió la mala suerte de cruzarse con un saludador de un barrio vecino. Allí se inició el duelo...

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  • El saludador del barrio del Hola-Chau

    Uno lanzó desafiante un "¡Hola!"
    Y el otro le respondió "¡Hola! ¿Cómo está usted?"
    Uno contestó "¡Bien! ¿Y usted? ¿Qué tal?"
    El otro siguió "Yo muy bien, hasta luego".
    "¡Hasta pronto!" contestó nuestro saludador, al que el otro le retrucó con un "¡Buenas tardes! ¡Hasta la vista!"
    Entonces recibió un solemne "¡Buenas tardes!"
    "¡Hasta más ver!" prosiguió el saludador, como ametrallando con los saludos.

    A lo que el del barrio vecino exclamó "¡Nos vemos!" y agregó como cantando... "¡Hasta lueguitooooo!"

    Y el de nuestro barrio volvió a la carga con un amabilísimo "Gusto en conocerlo".

    "El gusto es mío" le dijo el otro.

    El repertorio de cumplidos continuó y como vieron que ya estaba anocheciendo, uno saludó diciendo "¡Buenas noches!", en consecuencia nuestro mentado héroe, sin rendirse, largó un "¡Venga ese amistoso apretón de manos!"

    Y así siguieron incansablemente. Comentan que el del otro barrio se cansó a los quince días y se dio por vencido. A partir de aquel hecho, el saludador se convirtió en un personaje de leyenda.

    Sin embargo su verdadera consagración ocurrió desde el día en que colocaron una puerta espejada en el edificio de la esquina de su casa.

    Los testigos más memoriosos afirman que al verse pasar desprevenido se saludó a sí mismo y él mismo se contestó el saludo, ingresando en una salutación interminable. Así fue como llegó a su máxima expresión, considerándoselo la figura más ilustre de nuestro barrio, que como ya antes les conté, se lo rebautizó con el nombre del Hola-Chau en su honor. ¡Ah!, eso sí, no fue necesario hacerle ningún monumento en ninguna calle , ya que todavía se lo puede ver a él mismo en persona saludándose parado frente al espejo del edificio.

    ¿No les parece suficiente monumento?

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  • La Gotita miedosa

    - Los bebés se hacen adultos , el día se transforma en noche y así todo cambia …¿ Y vos querés estar siempre igual ? - le dijo la nube a Anita.

    Las hermanas de Ana la llamaban " la gotita miedosa" porque cada dos por tres se asustaba ante cualquier insignificancia. Había crecido acunada en los suaves brazos de la mamá nube ; pero la insipiente tormenta indicaba que le había llegado el momento de abandonar la seguridad para dar el gran salto hacia la incertidumbre.

    La lluvia que se aproximaba no sería así nomás, iba a ser un verdadero diluvio, de manera que hasta la gota mas chiquita debía descolgarse de los confortables nubarrones. Mamá nube se fue despidiendo de sus hijas; una por una se lanzaron en caída libre , hasta que sólo quedó Ana. Cuando ya no pudo aferrarse a nada , cayó en picada , sin paracaídas. El cielo era como una gran olla donde se cocinaba una especie de sopa de truenos con rayos, relámpagos y miles de puntitos de agua. Anita tuvo suerte. Un rayo que pasaba desprevenido, sin querer la atajó en el aire, y la gotita bajó a la tierra deslizándose como por un tobogán de luz…Chocó contra el paraguas de una abuelita y al mejor estilo de un trapecista de circo , rebotó sobre la tela impermeable salpicando en el ojo de un señor que se estaba subiendo a un colectivo.

    El paseo en colectivo duró un buen rato , hasta que Ana se cansó de escurrirse entre corbatas y carteras y se bajó adentro de la mochila de un chico que volvía de la escuela.

    Apenas entró a la casa la pobre gotita fue a parar , junto con el contenido de una botella de agua mineral, a una cubetera que iba directo al freezer. Todo se puso frío de golpe. Ana quiso llorar , pero sus lagrimitas se congelaron y ella también.

    Al rato la despertaron bruscamente , la hicieron saltar del molde helado y la mandaron de cabeza al interior de un vaso de gaseosa. Reaccionando entre escalofríos y estornudos se dió cuenta de que no sabía nadar.

    - Ayúdenme- gritó asustada.

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  • La Gotita miedosa

    Rapidamente un grupo de burbujas se amontonó a su alrededor empujándola hacia arriba con la efervescencia , así pudo asomarse para tomar aire . De pronto , todo comenzó a moverse ;el vaso giraba peligrosamente hacia los labios de alguien .Sin saber cómo, eludió a la boca y de un salto se derramó hasta la pileta de la mesada , donde fue capturada por un chorro de agua de la canilla que iba rumbo a la pava.

    - ¿ Dónde estoy ? - preguntó muy desorientada.
    - ¡ Calmate! Vamos a convertirnos en el té de la merienda.- respondieron sus compañeras.

    La pava por dentro era un lugar sombrío, cerrado y metálico ; pero , al menos no hacía tanto frío como en la heladera A medida que la temperatura subía , la gotita pasó de la traspiración a la sofocación y enseguida a la ebullición. En ese mar de agitación los hervores se sucedían cambiando el líquido en vapor. Un silbido ensordecedor lo inundó todo, de una bocanada Anita fue despedida por el orificio del pico de la pava y terminó afuera de la casa. Se sentía totalmente liviana , se diría que estaba en plena libertad flotando encima de la ciudad.

    Allí arriba hacía mucho frío y el cambio de temperatura condensó al vapor de agua… ¡Otra vez líquido! Mientras caía en medio de la llovizna vio con sorpresa que se dirigía directamente hacia un edificio envuelto en gigantescas llamaradas y a medida que se acercaba podía escuchar a la gente pidiendo ayuda desde los balcones.

    Cuando los bomberos vieron la lluvia precipitándose sobre el incendio , aplaudieron locos de contentos . Tendrían que haber visto la batalla que libraron las gotas contra las llamas , que finalmente se rindieron. En cuestión de minutos una densa humareda desplegó sus banderas sobre el edificio avisando a la muchedumbre que el incendio ya estaba apagado. Anita pensó que si sus hermanas la hubieran visto combatiendo al fuego , ahora la llamarían "la gotita valiente".

    A partir de ahí , le siguieron ocurriendo montones de cosas. Después de todo lo que había pasado, el cambio y lo desconocido ya no significaban una amenaza para ella. Desde ahora cada instante sería una oportunidad para gozar de la vida . Así que, olvidándose del miedo se zambulló con alegría en la gran aventura de vivir.

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